lunes, enero 24, 2011

T R A U M A T I S M O

Era como ver salir el sol cuando el reía, nos tenía robado el corazón a toda la familia, era el primer nieto y el primer sobrino de todos, mis abuelos lo adoraban, mis primos pedían ir a jugar con el todo el tiempo, mi madre lo adoptó como hijo, el la llamaba ITA, y yo que le llevaba quince años, el estaba a punto de cumplir tres, no me hacía muy feliz que entrara a mi cuarto a agarrarlo todo, pero si me hacía muy feliz sentir su amor, y jugar con él. Su mamá es mi prima y siempre ha sido mi hermana. Ellos vivían en mi casa, y la mañana del accidente, me despedí entre gruñidos porque Heberth había sustraído mi cepillo preferido de mi cuarto. Cuando salí de la escuela y fui por la Sra. Asíes Triste, al trabajo, ella ya no estaba, su compañera me lo dijo: andaba en los hospitales porque mi hermana y el niño habían tenido un terrible accidente. Mi hermana estaba en un hospital y el niño en la Cruz Roja, mi mamá lo estaba trasladando a un hospital, y ahí supe que estaba en Coma, que su cerebro había recibido un fuerte golpe y que un ángel terrenal, lo recogió del pavimento y lo trasladó en un taxi a el centro de socorro más cercano. De ahí en adelante todo fue esperar, médicos entrando y saliendo, y el diagnóstico era el mismo, no importaba su nariz quebrada ni su pierna quebrada, sino su cerebro dañado. No podía despertar, y yo sentía que el sol se estaba apagando. Casi no nos dejaban entrar a terapia intensiva donde estaba, y algunas enfermeras hacían excepciones, y me dejaban entrar aun cuando fuera menor de edad. Pasaron cinco largos días, yo iba y venia a el hospital donde estaba mi hermana internada, fuera de peligro, mas no el bebé que estaba esperando, y yo le comunicaba novedades, mi mamá no quiso separarse de Heberth, ni un solo momento, solo iba a casa a bañarse y dormía en la sala de espera. Su luz se fue apagando lentamente, yo escuchaba que todos los empleados del hospital iban y preguntaban por el y como seguía, aun sin conocerlo despierto, la gente se sentía atraída hacia el y hacia su luz. El cinco de marzo, casi un año después de perder a Claudia, perdí la luz del sol.

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