domingo, enero 16, 2011

L E U C E M I A

Tendría yo unos diez años cuando mi mamá, compró una casa, la emoción de vivir en una casa nuestra, aunque fuera del banco durante muchos años más, fue maravillosa, antes vivíamos en un departamentito, donde mi cuarto no era muy privado que digamos, y lo más fabuloso es que había muchos niños de mi edad, con quienes jugar, mi vecina de la casa de junto, un año menor que yo, Susie, es mi mejor amiga hasta la fecha, en la casa de enfrente vivía una familia numerosa que acababa de perder a su mamá en garras del cáncer, los cuidaba una tía y tenían un papá generalmente ausente por trabajo. Ahí vivía Claudia, era como cuatro años más pequeña que yo, pero había mucha afinidad con Susie y conmigo, y así nació una amistad a prueba de todo, una cantidad incontable de aventuras, que iba desde ir a gritar guturalmente a la vuelta de la esquina, jeje, o ir a jugar basket ( a mi ni me gustaba, jojo) a las seis de la mañana con toda la bola de niños a unas canchas de otra colonia cercana muchos días de vacaciones, donde yo terminaba haciéndole guardia a una panadería que estaba enfrente para comer pan recién cocido con jugo de naranja, ufff que bien saben los recuerdos. Los primeros chicos que nos gustaban y aquella promesa de que nunca nos fijaríamos en el mismo ja. Claudia tenía un hermano Héctor, que algún día tuvo la ocurrencia de ensañarme a conducir y debo decir que fue un excelente maestro y que no decir de amigo, con Héctor y Claudia urdíamos como emparejar a su padre viudo con mi madre divorciada y así poder ser hermanos para siempre. (Hubiera sido un éxito) pero nuestros padres tenían otros planes. Cuando Claudia comenzó a ser una jovencita, sus hermanas mayores comenzaron a decirle que se veía gorda y que debía cuidarse, y ella iniciaba dietas, al igual que todas las adolescentes, solo que con la diferencia que ella no tenía una mama que la cuidara como nosotros y descuido su alimentación a tal grado que solo comía chucherías, en ese entonces no se mencionaban ni la bulimia ni la anorexia, pero si recibimos con escepticismo y miedo la palabra leucemia, nadie sabía cómo había pasado, pero nuestra amiga Claudia estaba muy muy enferma, fue entonces cuando todos le prestaron atención, la llevaron con un montón de médicos de todos tipos, la medicina alternativa fue la escogida y ahí vimos cómo comenzó la tortura para ella, comida saludable, sin sal, sin azúcar, baños de agua helada y no sé qué tantas cosas más, solo sé que ella lloraba y nos decía que ya no quería esos tratamientos. Un largo año pasó y ella cada vez estaba más delgada y con ese color transparente en su piel, sus ojos hundidos y su alegría de niña perdida, hablaba mucho de su mamá y lloraba, lloraba mucho. Estuvo internada unas semanas antes de morir, pero antes de eso tuvimos una fiesta, donde bailo, rio y jugó con todos, yo debo confesar que verla tan bien y con ánimo, me hizo pensar que había librado la batalla, pero aquel 8 de marzo, nos despertamos con la noticia de su partida. Tenía doce años y una mirada dulce, pero sobre todo fue la primer persona que perdí y a la cual amaba mucho.

1 comentarios:

D. Martín Pérsico dijo...

Año nuevo,
carajo, eso sí que es realidad.