Esa mañana salieron a caminar, parecía que el mundo solo giraba para ellos, recorrieron ese hermoso parque que se encuentra cerca de su casa, donde abundan troncos añejos cortados, acomodados ex-profeso para sentarse durante el recorrido de ese lugar, que ella recuerda como parecido a uno de sus mejores sueños. La plática no terminaba, un tema traía otro, el trabajo de el, era un tema fascinante; también le contó sobre sus incursiones en el mar, por que el siempre había soñado con ser navegante, le platicó de aquella vez que presenció la entrada de las ballenas en Los Cabos, y ella casi podía ver y sentir lo que el platicaba por la cantidad de detalles con que el le relató la experiencia. Y cuando el habló precisamente de cual era el faro de su vida, ella comprendió que no había lugar para ella en su mundo, se dio cuenta que vivían en universos paralelos que nunca podrían juntarse y que ese fin de semana había sido la excepción para que ellos pudieran encontrar un punto de encuentro perdido en la realidad alterna que cada uno vivía. Fue solo un chispazo de cordura que entró en su mente y decidió desecharlo para que no cambiara lo que podían vivir juntos las siguientes horas. Volvieron a casa por que no podían dejar de sentirse, de tocarse, de desearse; ella jamás se había amado sola en compañía, todo era tan fácil, no era necesario pedir nada, era como si se imaginaran las necesidades el uno al otro, como leerse la mente, como compartir por unos momentos una sola alma fundida por aquella sensación de amor, de melancolía, de reminiscencias del pasado. Parecía un sueño…