Cuando se conocieron ella era casi una niña y el ya tenia una vida, y todo se resumía en saludos, pero ella no podía evitar mirarlo cuando el no lo notaba, le atraía demasiado, sin esperanzas por supuesto. Pero el mundo es un pañuelo y esta vida da tantas vueltas que un día común y corriente ellos se encontraron casi veinte años después, supongo que ella puso su cara de adolescente sonrojada y la sonrisa de el era la misma, algunas canas en su cabello hacían la diferencia, pero su mirada franca y su calidez era la misma,; ahora la amistad era fácil, ambos eran adultos y así se dio, emails venían e iban, mensajes de texto en el celular, convirtiéndose cada día en algo mas cálido, mas emotivo.. Un día llegó un mensaje a el celular de ella, y decía algo así como: por que no vienes a mi ciudad a pasar el fin de semana? Ella lo pensó pero solo dos segundos, corrió a casa tomó su maleta y la lleno de viejos sueños y mucha emoción; durante las horas que manejó hasta el, tomo la decisión de no esperar nada, de permitir que la vida se encargara, de esperar señales y darse la oportunidad de sentir, sin culpa, sin expectativas, sin pensar en el ayer o en el mañana. Cuando llegó a su casa, dudo en tocar la puerta, pero antes de que lo hiciera el la abrió con la mirada llena de impaciencia, se miraron a los ojos durante mucho tiempo, luego hablaron de todo, se pusieron al tanto de la vida de cada uno y de las personas que conocían en común, ella tomò tanto vino tinto que no se dio cuenta que era mas del que acostumbraba , y al comentárselo, el le dijo que no se preocupara que si se sentía mal, el se haría cargo de ella, y eso la tranquilizó de una manera extraña, hacia tanto tiempo que no se sentía tan protegida, la noche siguió su curso, escucharon música y cuando ella se quedó dormida en el sofá, el la arropó para que no pasara frio. Los primeros rayos de sol entraban por la ventana, ella se asomó y aun había oscuridad, ella pensó que tal vez la luz borraría la magia de aquella noche, pero la voz de el, al otro lado de la sala diciéndole que ahí estaba, le dio la seguridad que la magia seguiría. Ella se acercó lentamente y se sentó junto a el y sin saber por que puso su cabeza en su pecho y el la abrazo cálidamente, ella jamás había sentido una seguridad tan grande, se sentía tan deseada, aun cuando su abrazo no era del tipo erótico, era solo eso… un abrazo.