Llegué a el después de tratar de encontrar un reflejo real de mi persona en otros más; uno era demasiado umh, digamos cruel; quería terminar todo de tajo, sin darme siquiera una opción de adaptación, cuando le dije que a veces sentía que ella, mi fuente, me hería, me dijo que la confrontara, y como hacerlo? Como decirle a quien te dio la vida, que a veces por demostrar su amor te sangra el alma? Decidí huir y buscar otro reflejo; llegué a otro, con una caja de pañuelos de papel bajo el brazo y la lluvia de mis ojos apenas si me permitía hablar, el espejo en cuestión me dijo, si no sabes lo que has de hacer, yo si lo se, y atónita me senté a escuchar sus decisiones, lo seguí durante varias semanas y tomé caminos que en verdad me hicieron fuerte, pero al final me di cuenta que no era yo la que actuaba, y lo abandoné.
Cuando por último llegue a la que decía yo, tal vez seria más y más de lo mismo, me horroricé cuando supe que se recomendaba que varias almas nos sentáramos frente a un solo espejo, lo hice una y… dos veces pero no podía con tanta tristeza ajena; me retiraba derrotada cuando alguien me propuso que tomara la opción menos recomendable, el uno a uno, el espejo y yo...
y llegué arrastrándome, dándome por vencida y por anticipado… y de el escuché sobre cojines en el suelo, la versión de el espejo que me salvó la vida, el me dijo claramente, “solo soy un espejo y tu verás en mi lo que necesitas para vivir, podrás encontrar eso que buscas y que solo esta dentro de ti, te ayudaré a que tu sola lo encuentres y lo disfrutes…”
Fue como encontrar la manera correcta de dar vuelta a una página de un libro que no quieres maltratar pero el papel se resiste, fue como rendirte a las evidencias y poder observar el bien que trae la lluvia a la tierra después de una tormenta, fue como poder usar unos lentes especiales que resaltan la poca belleza entre tanta fealdad y como usar guantes especiales para disfrutarla y hacerla tuya y vivirla.
Fue fabuloso verme a mi misma, como me soñé de niña: viva, fuerte, real, pisando en lugar seguro y viviendo el hoy a lo grande, sin pensar que lo que necesito esta a la vuelta de la esquina, sin armadura y libre al fin de la nube gris que cubrió mi vida por tantos años.
Gracias por siempre Flavio.