Cuando me pidió que la acompañara a esa clínica a practicarse un aborto, yo no podía creer que me lo estuviera pidiendo, de todas las amigas que ella tenia, yo era la única que estaba en contra total del aborto y ella lo sabia, las razones de las demás para no acompañarla eran triviales, y aun cuando su abuela la acompañaría, ella necesitaba de mi no solo para manejar el auto al vecino país sino por que me necesitaba a su lado, así lo dijo ella.
Mi primer impulso fue negarme, pero yo sentía un compromiso con ella por la amistad de tantos años, por que pasamos de ser niñas a mujeres charlando muchas horas diarias por teléfono, por que lloramos juntas cuando algún problema familiar nos agobiaba a cualquiera de las dos, por que ella estuvo ahí cuando yo perdí a mi primer amor adolescente y por que en el fondo sabia que si la embarazada fuera yo y hubiese tenido que tomar tal determinación ella estaría conmigo.
Yo decidí desde que supe lo que era ser mujer, esperar para tener relaciones sexuales, sentía que significaba perder no solo una membrana, si no perder algo muy mío que yo quería compartir con alguien especial. Con los años comprendí que aquella idea infantil no estaba muy lejana de ser verdad, tener sexo sin amor puede ser agradable y hasta satisfactorio emocionalmente pero no es igual que hacer el amor dándolo todo sin pensar en uno mismo.
Por eso cuando ella me dijo que estaba embarazada, me sorprendí tanto, y no solo por el hecho de que lo estuviera, sino por que ella jamás me dijo que era activa sexualmente. Y como yo pensaba que era algo tan especial y sabia que éramos tan amigas, pensé que yo debía haberlo sabido o tal vez intuido. Ese día me di cuenta que nos comprendíamos, que nos queríamos pero que no pensábamos igual en muchas cosas.
Durante el trayecto a la clínica su abuela intento hablar de todo menos del tema que supongo a las tres ocupaba nuestras mentes, al llegar volví a preguntarle por enésima vez si estaba segura, ella asintió.
Aquello parecía un consultorio dental más que una clínica, solo la mirada triste de las mujeres que ahí esperaban su turno hacia sentir que no era algo de rutina. Algunas acompañadas por hombres, sus parejas supongo, pero las mas por amigas, solo nosotros íbamos en familia, cuando ella ingresó al consultorio escuché que pidió que le pusieran el video donde explicaban todo en ingles, ella no lo hablaba y era una manera de huir de la realidad.
Su abuela hablo durante la hora y media que duro el procedimiento dándome mil justificaciones de por que ella la había apoyado, justificando también a la madre que estando lejos envió el dinero para el procedimiento; ellas, mujeres profesionistas ambas y muy exitosas, creían que debían darle a ella la oportunidad de ser lo que ella quisiera, de vivir una vida plena escogiendo como debía vivirla; pensé decirle que ella había escogido estar ahí, que ya existían muchas maneras de prevenir un embarazo, y que aun nosotras a nuestros 18 años las conocíamos, también pensé decirle que para mi lo que estaba pasando era un asesinato, que dentro de ella ya había vida, y que un soplo Divino de vida, estaba a punto de ser rechazado, de la mas manera mas cobarde, por que para mi ella era una cobarde, pero no dije nada. Cuando salio, estaba demacrada y débil, la ayudamos a llegar al auto y vimos a una mujer salir sola dispuesta a tomar el autobús hacia nuestra ciudad, la abuela se ofreció a llevarla, al fin y era su carro, el que no había querido manejar, pidiéndomelo a mi. Esta mujer nos contó su historia al cruzar la frontera, tenia cuatro hijos, su esposo era operador en una maquila al igual que ella, y no podían hacerse cargo de un hijo mas, habían conseguido un préstamo y ella decidió ir sola para que su marido no pasara por ese duro trance, según sus propias palabras. Yo seguía sin entenderlo, se pueden hacer sacrificios en pos de estar mas cómodos, pero no se pueden hacer sacrificios para ser responsables de sus actos?
Después de dejarlas en su casa, comencé a vomitar y a sentirme mal, muy mal, tuve que ir al medico y el tuvo que hacerla de confesor o de psicólogo, al escucharme llorando cuando le conté por lo que había pasado ese día, y el me hizo ver una enseñanza que había en todo esto, cada quien es responsable de sus actos, ya de nada servia llorar juntas por un problema, ahora la vida había llegado con toda su crudeza y cada quien debía tomar su saco y decidir que cargar en el y que no.
Luego de este suceso, nuestra amistad se enfrió y no por mi parte, ella dejo de buscarme y parecía que no quería verme, hoy se que vive en Holanda y que ha tenido un hijo, hace mas de diez años que no nos vemos.