Aquel día, llegué a su casa sin avisar, no sabía lo que me esperaba, sólo que iba decidida a terminar una relación que había comenzado sin meditar, sin medir las consecuencias y que estaba disfrutando mas de lo esperado, y eso precisamente fue lo que me asustó.
Todo había superado mis expectativas y yo sabía que eso no era posible, su vida, su carrera, sus prioridades, no se lo permitirían. Y tampoco mi corazón, tan solo y con tantas heridas tan recientes, nunca entendería por que no debía latir solo por el.
Ese día sabía perfectamente que el no intentaría detenerme pero me sorprendió cuando me abrazó y comenzó a consolarme, debo haber pasado mas de una hora en sus brazos como una pequeña niña, llorando por que lo nuestro no era posible, y el no hacía otra cosa que decirme que todo estaría bien y que pasara lo que pasara lo que habíamos vivido seria un día motivo de una sonrisa.
Y hoy lo compruebo y con una gran sonrisa puedo darme cuenta que fue una buena decisión, pero también me gusta dejar vagar mi mente y recordar esas tardes juntos, hablando de todo, compartiendo sueños y fantasías, y yo perdiéndome en sus ojos, y diluyéndome entre sus dedos.